jueves, 11 de abril de 2013

Ensayo del eros y el ágape

No pienso hacer esto mucho. Esto de explicar mi poesía. Porque la poesía no se puede determinar, hay que dejar que salga el inconsciente del lector, que se interprete, dar cabida a la hermenéutica, la praxis del conocimiento interpersonal. Por mucho que se quiera, nunca nos definiremos como realmente somos.

Y bien, este poema lo escribí hace 3 años, creo. Yo mismo no sé qué dice exactamente el poema, si habla un poeta alzado por la gloria, si es que el poeta agacha la cabeza, si la alza, si lo que dice le asusta o le parece malvado... Representa, en definitiva, el nacimiento del nuevo amor sexual en mí. Todo ello que os hablo siempre. Yo soy cristiano de Cristo y me costó replantearme esto, porque tengo que estar pendiente de cuándo el ego quiere establecer reinado en mi mente (que es Imperio de Cristo); En cierto modo, me considero liberado de cualquier atadura social, de cualquier regla prefabricada sin la lógica de Dios. Aquí va como se desenganchó el eros del ágape, cómo triunfó el amor sexual sobre las babas vaticanas que oscurecieron tan sagrado rito. El sexo.


Poema nº96 Eros y Ágape.

No hace ni mil años
Que crezco entre piedras.

No hace ni medio milenio
Que crezco como hiedra
Entre los pulmones del mundo.

No hace ni un siglo
Que mi pálpito llegó
Al corazón de los hombres.

No hace ni cincuenta años
De la derrota de esos pobres
Que pidieron auxilio
Mientras migraban sus cuerpos
A la tierra de los lirios.

No hace ni una década
Que empezó a mancharme
El llanto de los hombres,
El clamor de la arena seca,
De los bosques muertos,
Sonrisas yertas.

No hace ni un lustro
Que reboté por accidente
Entre sus vísceras
Para repartir la alegría
Que me fue heredada.

No hace ni una añada
Que desperdiciaron mi canto
Para pudrirse en el monte
De Cristo y su Calvario.

No hace ni una semana
Que me escondí en tus senos de vida
Para lactar otra nueva
Y renombrar al amor. Y reinventarlo.

No hace ni un día que me fijé
En lo bello de las piedras,
De la hiedra verde,
De las verdes praderas
De lirios, de sus corazones
Desechos por la perversión,
De enganchar un mundo con un beso,
Un cielo por un abrazo,
Del llanto y clamor,
De las risas inocentes
Que forman el eco de mi rutina,
-Y el vaho de mi suerte-
De Jesús y su Calvario,
De los bosques florecidos,
De las hazañas de mi frente…

No hace ni un segundo
En que el amor cumple
Su milenaria muerte
Y deja paso al arrastre
De la humanidad
Que prefirió el cuerpo a la mente.

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